El gobierno del presidente Donald Trump presentó este miércoles su esperado Plan de Acción sobre Inteligencia Artificial, una hoja de ruta diseñada para consolidar a Estados Unidos como líder global en una de las tecnologías más transformadoras de la era moderna. La estrategia, publicada por la Casa Blanca en un documento de 28 páginas, establece una serie de prioridades en innovación, infraestructura y regulación, con un enfoque particular en la competencia geopolítica con China.
El plan, presentado horas antes del evento “Ganar la carrera de la IA” en Washington —organizado por el All-In Podcast y el Hill & Valley Forum— se sustenta en tres pilares principales: acelerar la innovación, construir infraestructura de IA dentro del país, y posicionar el software y hardware estadounidenses como el estándar global en IA.
“Ahora hay una competencia global para liderar la inteligencia artificial”, afirmó David Sacks, responsable de IA en la Casa Blanca, durante una conferencia telefónica con periodistas. “Y queremos que Estados Unidos gane esa carrera. La IA es una tecnología revolucionaria que tendrá profundas consecuencias tanto para la economía como para la seguridad nacional”.
Enfoque pro-industria, con excepción para combatir el “sesgo ideológico”
En línea con la filosofía del gobierno de Trump, el plan propone reducir regulaciones para facilitar el desarrollo de IA, eliminando lo que denomina como “burocracia innecesaria” para la construcción de centros de datos, fábricas de semiconductores e infraestructura energética. No obstante, introduce una excepción alineada con el ideario conservador de Make America Great Again (MAGA): exigir que los modelos adquiridos por el gobierno estén “libres de sesgos ideológicos de arriba hacia abajo”.
Esta disposición podría tener implicaciones importantes en la industria, especialmente en empresas que aspiren a contratos públicos. “Este tipo de cosas genera preocupaciones, responsabilidades y complejidad para quienes desarrollan estos modelos”, señaló Oren Etzioni, exCEO del Instituto Allen de IA, quien advirtió que la presión por cumplir criterios ideológicos podría ralentizar la innovación.
Exportaciones y competencia global
El gobierno también anunció su intención de asociarse con empresas tecnológicas estadounidenses para crear “paquetes completos de exportación de IA” (modelos, hardware y software) destinados a países aliados, en un esfuerzo por imponer el estándar estadounidense a nivel mundial. La iniciativa responde a la creciente influencia de empresas chinas como DeepSeek, que este año sorprendió al sector tecnológico con su modelo R1, eficaz y de bajo costo.
“El factor número uno que definirá si Estados Unidos o China ganan esta carrera es qué tecnología será adoptada más ampliamente en el resto del mundo”, advirtió Brad Smith, presidente de Microsoft, en una audiencia en el Senado en mayo.
Inversiones multimillonarias y colaboración con gigantes tecnológicos
La presentación del plan llega tras una serie de anuncios de inversión. El pasado 15 de julio, el presidente reveló que empresas de los sectores tecnológico, energético y financiero invertirán más de 90.000 millones de dólares para convertir Pensilvania en un hub de inteligencia artificial.
También se relanzó el proyecto Stargate, una iniciativa de infraestructura en IA valorada en 500.000 millones de dólares, en colaboración con Sam Altman (OpenAI), Masayoshi Son (SoftBank) y Larry Ellison (Oracle). Además, Trump ha comenzado a revertir restricciones impuestas por el expresidente Biden, como la prohibición de exportar chips avanzados de IA a China. Como resultado, Nvidia ha sido autorizada a reanudar la venta de sus chips H20 al país asiático.
Críticas y tensiones regulatorias
A pesar del entusiasmo en Silicon Valley, el plan ha recibido críticas por parte de organizaciones de derechos civiles, sindicatos y expertos en privacidad, que acusan al gobierno de privilegiar los intereses empresariales sobre los riesgos sociales de la IA.
Una coalición de grupos como el Centro de Información sobre Privacidad Electrónica, el AI Now Institute y el Sindicato de Escritores de América del Este exige la implementación de un “Plan de Acción Popular” que priorice salvaguardas éticas, seguridad laboral y transparencia en el uso de la IA.
La controversia refleja un debate persistente sobre cómo regular esta tecnología. El Senado recientemente eliminó una cláusula que habría impedido a los estados legislar sobre IA durante 10 años, en medio de presiones de la industria por evitar una regulación fragmentada, y de sectores sociales que reclaman medidas de protección.
A pesar de estas tensiones, el gobierno Trump asegura que todas las políticas delineadas podrían implementarse en un plazo de seis a doce meses, según indicó Michael Krastios, director de la Oficina de Ciencia y Tecnología de la Casa Blanca.
Con más de 10.000 respuestas de ciudadanos, expertos y organizaciones recogidas en la fase de consulta pública, el plan se presenta como la visión más ambiciosa hasta ahora para mantener a Estados Unidos al frente del desarrollo y la gobernanza global de la inteligencia artificial. La carrera, sin embargo, apenas comienza.


