Ana Corina Sosa representó este miércoles a su madre, María Corina Machado, en el Ayuntamiento de Oslo durante la entrega del Premio Nobel de la Paz. La líder opositora venezolana no logró llegar a tiempo a Noruega para recibir personalmente el galardón, aunque tanto el Instituto Nobel como su equipo confirmaron que viajará igualmente a la capital escandinavia.
Frente al auditorio, fue su hija quien abrió la ceremonia leyendo un mensaje cargado de emoción. “Mi mamá no está aquí para ser parte de esta ceremonia, pero mi mamá nunca quiebra sus promesas… No veo el momento de verla, abrazarla y besarla después de más de dos años”, expresó con la voz entrecortada. Después de ese preludio, continuó con el discurso que Machado había redactado para la ocasión.
A través de Ana Corina, la opositora hizo un recorrido por la historia reciente del país y por el deterioro que —según denunció— ha vivido Venezuela bajo el chavismo. “El régimen se propuso dividirnos… Nos asfixiaron, nos encarcelaron, nos mataron, nos empujaron al exilio”, afirmó. También recordó los esfuerzos sociales y políticos que se han repetido durante años sin resultados: “Diálogos traicionados, protestas multitudinarias reprimidas, elecciones manipuladas”.
Dentro del mensaje, la líder destacó la movilización ciudadana que permitió documentar lo ocurrido en las elecciones del 28 de julio de 2024. Su hija citó fragmentos sobre el despliegue de voluntarios y herramientas tecnológicas que, según Machado, evidenciaron la victoria de Edmundo González. “Seiscientos mil voluntarios… computadoras escondidas en camiones de frutas”, relató.
Machado también describió la represión posterior a esos comicios y su periodo de clandestinidad. “Durante estos 16 meses en la clandestinidad hemos construido nuevas redes de presión cívica… preparándonos para una transición ordenada hacia la democracia”, sostuvo.
A lo largo del discurso, la galardonada subrayó que el Nobel debe interpretarse como un recordatorio global: “La democracia es esencial para la paz”. Y dedicó palabras de esperanza a sus compatriotas: “Venezuela volverá a respirar… Volveremos a abrazarnos, a enamorarnos, a oír nuestras calles llenas de risas y de música”.
El mensaje también incluyó un reconocimiento a quienes han acompañado su lucha: presos políticos, periodistas, artistas, activistas y a toda su familia. En sus palabras finales, Machado insistió en que el premio pertenece a quienes han resistido: “Ese mismo amor del que nace la paz… A ellos pertenece el futuro”.
La ceremonia estuvo marcada por una fuerte carga emocional. La familia Machado Parisca ocupó la primera fila, visiblemente conmovida, junto a mandatarios latinoamericanos y figuras cercanas a la dirigente. Más atrás, los reyes de Noruega y el Comité Noruego del Nobel siguieron atentamente cada intervención.
El Ayuntamiento de Oslo lució una decoración inusual: bromelias y plantas amazónicas en homenaje a la laureada. La música venezolana abrió y cerró el acto, con interpretaciones de Danny Ocean y de la pianista Gabriela Montero.
En su intervención, el presidente del Comité del Nobel, Jørgen Watne Frydnes, presentó un duro recuento de violaciones de derechos humanos atribuidas al régimen de Nicolás Maduro y le instó directamente a reconocer los resultados electorales: “Señor Maduro, acepte el resultado de las elecciones y dimita”. También dedicó parte de su discurso a justificar por qué Machado ha sido reconocida este año y recordó que la líder “ha solicitado atención, apoyo y presión internacionales, no una invasión”.
Al finalizar, Ana Corina Sosa recibió en nombre de su madre la medalla de oro y el diploma del Nobel, mientras el público —incluidos los monarcas noruegos— se ponía de pie para aplaudir. Afuera, cientos de venezolanos siguieron la ceremonia desde una pantalla gigante instalada frente al Ayuntamiento, celebrando el anuncio y aguardando la llegada de Machado a Oslo.


