El USS Gerald Ford, el portaviones más grande del mundo, se incorporó oficialmente este martes a la operación militar de Estados Unidos contra el tráfico de drogas procedente de Latinoamérica. El despliegue, ordenado por el presidente Donald Trump, ha generado una nueva ola de tensiones con Venezuela, que acusa a Washington de utilizar la lucha antidrogas como pretexto para intentar derrocar al mandatario Nicolás Maduro.
El arribo del buque insignia estadounidense a aguas del Caribe coincide con un nuevo operativo militar venezolano lanzado “para responder a las amenazas imperiales”, según el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, quien anunció un “despliegue masivo de medios terrestres, aéreos, navales, fluviales y misilísticos” con la participación de unos 200.000 efectivos.
Mientras tanto, el Pentágono aseguró que la presencia del Gerald Ford “reforzará la capacidad de Estados Unidos para detectar, vigilar y desarticular actores y actividades ilícitas que comprometen la seguridad y prosperidad del hemisferio occidental”, según el portavoz jefe, Sean Parnell.
Desde septiembre, Washington ha desplegado buques de guerra, aviones de combate y miles de soldados en la región para operaciones contra el narcotráfico supuestamente proveniente de Venezuela y Colombia. El Comando Sur confirmó que el Gerald Ford ya se encuentra dentro de su zona de responsabilidad, que abarca América Latina y el Caribe.
Sin embargo, la estrategia estadounidense ha sido duramente cuestionada. En las últimas semanas, 20 embarcaciones fueron bombardeadas, dejando al menos 76 muertos, según reportes oficiales. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, informó que el más reciente ataque, ocurrido el domingo en el Pacífico, provocó la muerte de seis personas a bordo de dos embarcaciones.
Pese a ello, Estados Unidos no ha presentado pruebas de que las naves atacadas transportaran drogas o representaran una amenaza directa. La cadena CNN reveló que Gran Bretaña decidió no compartir información de inteligencia sobre embarcaciones sospechosas para evitar complicidad en operaciones consideradas “ilegales”, marcando así una ruptura inusual entre dos aliados históricos.
El conflicto también escaló en el terreno diplomático. Rusia, aliado de Maduro, calificó los bombardeos de “inaceptables”. El ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, declaró que “así es como actúan los países sin ley, aquellos que se consideran por encima de la ley”, y calificó de “pretexto” la lucha contra las drogas invocada por Washington.
Desde Caracas, Maduro denunció los ataques y advirtió que su país “tiene fuerza y poder para responder”. Llamó además a los miembros de la Milicia Bolivariana, un cuerpo civil de carácter ideológico, a estar listos para la defensa.
“Si el imperialismo llegara a dar un golpe de mano y hacer daño, desde el mismo momento en que se decretara la orden de operaciones tendríamos movilización y combate de todo el pueblo de Venezuela”, afirmó.
El gobierno de Trump ha acusado reiteradamente a Maduro de liderar un cartel de narcotráfico y ha autorizado incluso operaciones de inteligencia de la CIA en territorio venezolano, profundizando el enfrentamiento entre ambos países.


