La masiva adopción de la energía solar en Puerto Rico, impulsada por la búsqueda de resiliencia ante los apagones, ha traído una nueva y silenciosa preocupación: ¿qué sucederá con los miles de paneles solares cuando lleguen al final de su vida útil? La isla se enfrenta a un dilema ambiental y logístico, ya que la falta de un marco regulatorio y de instalaciones de reciclaje locales podría convertir el boom solar en un futuro problema de desechos.
La vida útil promedio de un panel solar oscila entre 25 y 30 años. Dada la acelerada instalación de estos sistemas tras el huracán María, se estima que Puerto Rico comenzará a ver una “ola de desechos” de paneles en los próximos 15 a 20 años. Los expertos advierten que, sin un plan, miles de toneladas de estos paneles podrían terminar en los vertederos de la isla.
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El problema no es solo de volumen. Los paneles solares están compuestos por vidrio, aluminio, silicio y, en menor medida, metales pesados como el plomo y el cadmio. Si estos componentes se depositan en vertederos, existe el riesgo de que los productos químicos tóxicos se filtren al suelo y a los acuíferos, contaminando potencialmente el agua potable.
Actualmente, no existen instalaciones de reciclaje de paneles solares en Puerto Rico. La única opción para deshacerse de ellos de manera responsable sería transportarlos a Estados Unidos, un proceso costoso y logísticamente complejo. Esta realidad plantea una pregunta crítica: ¿Es más rentable para un negocio o un consumidor pagar por el reciclaje y el transporte, o simplemente depositarlos en un vertedero, si las regulaciones no lo prohíben explícitamente?
La situación ha encendido las alarmas entre los defensores del medio ambiente, quienes señalan la urgencia de establecer políticas públicas claras.
El presidente de la Comisión de Gobierno de la Cámara de Representantes, Víctor Parés, habló en marzo de la necesidad de atacar este problema, según reseña Wipr.
“De acuerdo a datos existentes, en Puerto Rico se instalan todos los meses alrededor de 3,400 sistemas de placas solares. Mientras crece ese sector, también aumenta el volumen de paneles fotovoltaicos y baterías de almacenamiento descartados al final de su vida útil. Definitivamente esto tiene el potencial de convertirse en problema ambiental a menos que se tomen medidas preventivas desde ahora”, dijo el legislador en ese momento.
Los inconvenientes podrían empezar desde el 2030, si no se toman las medidas correspondientes. “Las posibles acciones que vamos a evaluar en esa mesa redonda se encuentran en la legislación para prohibir el depósito de paneles y baterías en los sistemas de rellenos sanitarios (vertedero), hasta el desarrollo de industrias locales de reciclaje, lo que generaría, a su vez, actividad económica”, dijo en ese momento el funcionario. Sin embargo, son pocos los avances que han informado hasta el momento.


