Venezuela vuelve a ocupar un lugar estratégico en el mapa energético estadounidense justo cuando la crisis en Medio Oriente obliga a Washington a mirar con mayor atención las fuentes de suministro más cercanas.
Durante años, hablar del petróleo venezolano significaba hablar de sanciones, caída de producción, deterioro de PDVSA y cargamentos buscando mercados alternativos.
Hoy la conversación empieza a ser otra.
El subsecretario de Energía de Estados Unidos, Kyle Haustveit, aseguró que aproximadamente la mitad de la producción petrolera venezolana está siendo enviada actualmente a Estados Unidos, equivalente a más de 500.000 barriles diarios.
La cifra sería importante en cualquier momento.
Pero aparece precisamente cuando una de las principales arterias energéticas del planeta atraviesa una grave crisis.
Mientras Venezuela exporta hacia el norte, Hormuz está bajo presión
El Estrecho de Hormuz conecta el Golfo Pérsico con el resto del mundo y por sus aguas transita normalmente alrededor de una quinta parte del petróleo y gas mundial.
Hoy ese flujo está severamente alterado.
Las tensiones entre Estados Unidos e Irán mantienen a buena parte de los armadores alejados del estrecho, mientras Washington y Teherán ofrecen versiones contradictorias sobre su apertura.
El mercado ya está reaccionando.
El Brent se mantiene alrededor de los US$91 por barril, cerca de máximos de tres semanas, mientras los operadores incorporan nuevamente una prima de riesgo geopolítico al precio de la energía.
Y es precisamente aquí donde Venezuela vuelve a entrar en la ecuación.
Venezuela está mucho más cerca
Un barril venezolano no necesita atravesar Hormuz.
Tampoco necesita cruzar medio planeta para llegar a las refinerías estadounidenses.
Venezuela se encuentra frente al Caribe, a pocos días de navegación de las grandes instalaciones de refinación de la Costa del Golfo.
Pero existe otra ventaja todavía más importante.
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Muchas refinerías estadounidenses fueron construidas precisamente para procesar crudos pesados como los venezolanos.
Durante décadas, esa complementariedad convirtió a Estados Unidos en uno de los principales destinos naturales del petróleo venezolano.
Antes de las sanciones de 2019, las refinerías estadounidenses recibían cientos de miles de barriles diarios procedentes de Venezuela.
Ahora esa relación comienza a reconstruirse.
La relación energética también funciona en sentido contrario
Hay otro dato que ayuda a comprender lo que está ocurriendo.
Estados Unidos está enviando hacia Venezuela más de 100.000 barriles diarios de nafta, utilizada para diluir los crudos extrapesados venezolanos y facilitar su producción, transporte y comercialización.
El flujo comienza así a funcionar en ambas direcciones.
Estados Unidos aporta insumos que ayudan a movilizar el petróleo pesado venezolano.
Venezuela envía crudo hacia refinerías estadounidenses diseñadas para procesarlo.
Geografía, infraestructura e intereses económicos vuelven a encontrarse.
Venezuela todavía no puede sustituir a Medio Oriente
Aquí conviene poner las cifras en perspectiva.
Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, pero eso no significa que pueda aumentar inmediatamente su producción.
Décadas de desinversión, deterioro de infraestructura, pérdida de talento técnico y problemas operativos redujeron enormemente la capacidad de la industria.
La producción venezolana llegó a superar los 3 millones de barriles diarios a comienzos de siglo.
Hoy ronda aproximadamente 1,25 millones de barriles diarios.
Reconstruir esa capacidad requerirá años, miles de millones de dólares y reglas suficientemente estables para atraer capital internacional.
Por eso Venezuela no puede sustituir mañana los barriles que eventualmente dejen de atravesar Hormuz.
Pero esa no es necesariamente la pregunta correcta.
La verdadera palabra es diversificación
Las grandes potencias no buscan depender de un solo proveedor.
Buscan opciones.
Canadá.
México.
Brasil.
Guyana.
Venezuela.
Producción estadounidense.
Y proveedores de Medio Oriente.
Mientras más diversificada sea la matriz de suministro, menor es la vulnerabilidad frente a una crisis localizada.
En ese tablero, Venezuela acaba de recuperar una característica que nunca perdió:
su ubicación geográfica.
Está cerca del mayor mercado energético del mundo y posee exactamente el tipo de petróleo que determinadas refinerías estadounidenses están preparadas para procesar.
¿Qué significa para Venezuela?
Aquí está probablemente la parte más importante para nuestra audiencia.
El regreso del petróleo venezolano al mercado estadounidense puede significar mucho más que vender barriles.
Puede generar divisas.
Puede atraer inversión.
Puede recuperar empleos especializados.
Puede impulsar infraestructura.
Puede estimular servicios petroleros.
Puede contribuir a reconstruir instalaciones deterioradas durante años.
Y, eventualmente, puede ayudar a financiar la recuperación económica del país.
Pero existe una condición fundamental.
Vender más petróleo no equivale automáticamente a desarrollar un país.
Venezuela ya vivió décadas de enormes ingresos petroleros.
La diferencia entre repetir el pasado y construir algo distinto dependerá de cómo se administren esos recursos, qué instituciones los supervisen, qué reglas existan para la inversión y cuánto de esa riqueza termine transformándose en infraestructura, servicios y oportunidades para la población.
La geopolítica energética está cambiando
Durante años, Venezuela parecía estar alejándose del sistema energético estadounidense.
Ahora ocurre lo contrario.
Más de medio millón de barriles diarios estarían viajando nuevamente hacia el norte mientras Estados Unidos envía diluyentes hacia Venezuela y sus refinerías recuperan acceso a un crudo que conocen perfectamente.
Todo esto sucede mientras Hormuz recuerda al mundo una vieja lección:
la energía también es geografía.
Venezuela no puede reemplazar a Medio Oriente.
Pero en un mundo que vuelve a preocuparse por la seguridad energética, estar a pocos días de navegación de las refinerías estadounidenses vuelve a tener un enorme valor estratégico.
La lectura Datiao
La noticia no es simplemente que Estados Unidos está comprando nuevamente petróleo venezolano.
La noticia es que Venezuela comienza a recuperar relevancia dentro de la estrategia energética estadounidense precisamente cuando la geopolítica vuelve a poner en riesgo algunas de las principales rutas petroleras del mundo.
Después de años hablando de sanciones y aislamiento, quizá estamos entrando en una conversación completamente diferente:
¿puede el petróleo convertirse ahora en uno de los motores de la reconstrucción venezolana?


