miércoles, agosto 19, 2026
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Colombia ya no solo usa fintech: empieza a exportar la infraestructura que mueve el dinero

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Yuno, una empresa fundada en Colombia, acaba de levantar US$45 millones para expandir una plataforma que conecta bancos, comercios y billeteras con más de 1.000 métodos de pago en más de 190 países. La noticia revela dónde está ocurriendo una de las transformaciones más importantes del sistema financiero: ya no basta con digitalizar el dinero, ahora hay que lograr que diferentes sistemas puedan hablar entre sí.

Cuando una persona paga con una tarjeta, una billetera o una transferencia, la operación parece sencilla.

Presiona un botón. El dinero sale. La compra se completa.

Pero detrás de esos pocos segundos existe una red de bancos, procesadores, adquirentes, sistemas antifraude, monedas, regulaciones y proveedores tecnológicos que deben comunicarse entre sí.

Muchas veces no lo hacen bien.

Esa fragmentación se ha convertido en uno de los grandes problemas del sistema global de pagos. También en uno de sus grandes negocios.

La fintech Yuno, fundada en Colombia en 2022 por Juan Pablo Ortega y Julián Núñez, anunció una ronda de inversión Serie B por US$45 millones, liderada por Global PayTech Ventures y con participación de inversionistas como Andreessen Horowitz, Tiger Global, QuantumLight Capital, Monashees, Kaszek y Endeavor Catalyst, entre otros.

De acuerdo con el anuncio oficial de la compañía, Yuno se encuentra en trayectoria para procesar US$100.000 millones en volumen anual de transacciones durante los próximos 12 meses. La nueva ronda lleva a aproximadamente US$80 millones el capital levantado por la empresa en sus tres principales rondas de financiación.

La cifra llama la atención.

Pero lo verdaderamente interesante no es cuánto dinero levantó Yuno.

Es qué problema está intentando resolver.

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El problema no es que falten formas de pagar

En realidad ocurre lo contrario.

Hoy existen tarjetas, transferencias bancarias, billeteras digitales, sistemas de buy now, pay later, pagos instantáneos, procesadores locales, redes internacionales y, cada vez más, infraestructura vinculada con stablecoins.

Cada país tiene su propia combinación.

Para una empresa que quiere vender en varios mercados, eso puede significar integrar proveedores diferentes, cumplir reglas distintas y conectar sistemas que no necesariamente fueron diseñados para funcionar juntos.

Yuno intenta reducir esa complejidad mediante una sola capa tecnológica.

Según la compañía, su plataforma conecta mediante una única API más de 1.000 métodos de pago y más de 460 integraciones en más de 190 países, además de incorporar herramientas de enrutamiento inteligente, prevención de fraude, KYC/KYB, pagos y desembolsos.

En términos simples:

Yuno no necesita reemplazar a todos los actores que participan en un pago. Intenta conectarlos.

Ese detalle cambia la conversación fintech

Durante buena parte de la última década, la conversación sobre tecnología financiera estuvo dominada por aplicaciones orientadas directamente al consumidor.

La nueva billetera.

El nuevo neobanco.

La nueva tarjeta.

La nueva aplicación para pagar.

Pero debajo de todas esas interfaces existe otro mercado mucho menos visible:

la infraestructura que permite que el dinero se mueva entre ellas.

Y allí comienza a concentrarse una parte importante de la innovación financiera.

Una plataforma de orquestación de pagos puede seleccionar qué procesador utilizar para aumentar la probabilidad de aprobación de una transacción.

Puede redirigir un pago cuando un proveedor presenta problemas.

Puede permitir que una empresa incorpore métodos de pago locales sin tener que construir cada integración desde cero.

Puede además añadir capas de verificación de identidad, prevención de fraude y optimización de costos.

El consumidor probablemente nunca verá esa tecnología.

Pero puede determinar si su pago funciona o no.

La fricción también cuesta dinero

Yuno asegura que durante el último año recuperó más de US$5.000 millones en transacciones que de otra forma habrían fallado, aumentó aproximadamente 5% las tasas de autorización para comercios de su red y generó más de US$500 millones en ahorros de procesamiento para sus clientes.

Es importante hacer una precisión editorial: estas son cifras reportadas por la propia compañía y no una auditoría independiente de sus resultados.

Pero sirven para ilustrar un problema que sí es real.

Un pago rechazado no es solamente una molestia tecnológica.

Para un comercio puede significar una venta perdida.

Para una empresa que procesa millones de operaciones puede significar miles de clientes que intentaron comprar y no pudieron hacerlo.

Para una economía cada vez más digital significa una palabra que aparece constantemente cuando hablamos de dinero:

fricción.

Y cada fricción tiene un costo.

Colombia está transformando también su propia infraestructura

La historia de Yuno resulta particularmente interesante porque aparece mientras Colombia atraviesa simultáneamente una transformación de su sistema doméstico de pagos.

El país ha desplegado Bre-B, el sistema interoperable de pagos inmediatos administrado por el Banco de la República, que permite a los usuarios transferir dinero entre distintas instituciones financieras utilizando llaves como un número telefónico, documento de identidad, correo electrónico o código alfanumérico.

En mayo de 2026, el ecosistema ya había superado los 108 millones de llaves registradas, mientras más de 34 millones de usuarios estaban registrados después de los primeros seis meses de operación plena.

Bre-B y Yuno son cosas diferentes.

Bre-B busca aumentar la interoperabilidad entre los sistemas de pagos inmediatos dentro de Colombia.

Yuno trabaja principalmente con empresas que necesitan conectar diferentes proveedores, métodos de pago y mercados alrededor del mundo.

Pero existe un principio común detrás de ambos desarrollos:

interoperabilidad.

La capacidad de hacer que sistemas financieros diferentes puedan comunicarse entre sí.

Por qué esto importa para América Latina

América Latina siempre ha tenido un problema particular con el movimiento del dinero.

Las fronteras digitales se han reducido mucho más rápido que las financieras.

Una empresa puede vender por internet desde Colombia a consumidores de diferentes países en segundos.

Pero cobrar ese dinero puede requerir múltiples intermediarios.

Una persona puede trabajar desde Bogotá, Medellín o Caracas para una compañía extranjera.

Pero recibir su pago puede implicar bancos corresponsales, plataformas distintas, conversiones de moneda y comisiones.

Un migrante puede enviar dinero a su familia desde otro país.

Pero entre quien envía y quien recibe siguen existiendo diferentes sistemas financieros que deben conectarse.

Por eso hablar de infraestructura de pagos no es solamente hablar de tecnología.

Es hablar de economía.

Cada intermediario adicional, cada integración que falla y cada incompatibilidad entre sistemas puede significar más tiempo, mayor costo o pérdida de valor.

Las stablecoins empiezan a entrar en la misma arquitectura

Existe otro elemento que merece atención.

Yuno ya incluye las stablecoins dentro de los distintos componentes que puede conectar mediante su infraestructura, junto con pagos tradicionales, desembolsos, prevención de fraude y procesos KYC/KYB.

Eso no significa que los sistemas bancarios tradicionales estén siendo reemplazados por activos digitales.

La evolución parece ser más compleja.

Las fronteras entre ambas infraestructuras comienzan a hacerse menos visibles.

Una empresa puede utilizar redes bancarias tradicionales para determinados pagos, sistemas instantáneos en otro mercado y activos digitales para ciertos flujos internacionales.

Desde la perspectiva del usuario final, la pregunta puede terminar siendo mucho más sencilla:

¿puede el dinero llegar correctamente, rápido y conservando la mayor cantidad posible de su valor?

Colombia empieza a exportar conocimiento financiero

Aquí aparece quizás la lectura más interesante de la noticia.

Colombia ha sido durante años uno de los mercados latinoamericanos donde fintechs, bancos y nuevos sistemas digitales experimentan con diferentes formas de pagar y mover dinero.

La expansión internacional de una empresa creada en Colombia muestra otra etapa de esa evolución.

El país ya no solamente adopta tecnología financiera desarrollada en otros lugares.

También está comenzando a producir infraestructura capaz de competir globalmente.

Yuno trabaja hoy con empresas como McDonald’s, GoFundMe, inDrive, Rappi y NetEase Games, mientras aumenta su presencia en Estados Unidos, Medio Oriente y otros mercados.

El capital obtenido en esta nueva ronda será utilizado, entre otras cosas, para investigación y desarrollo, expansión de infraestructura y nuevas tecnologías de pagos.

La pregunta relevante para Colombia es entonces más amplia que el éxito de una sola startup.

¿Puede el país convertirse también en exportador de infraestructura financiera?

Lo que sabemos y lo que todavía debemos observar

Hecho: Yuno anunció el 12 de agosto de 2026 una ronda Serie B de US$45 millones liderada por Global PayTech Ventures.

Hecho: la compañía fue fundada en Colombia en 2022 y ha levantado aproximadamente US$80 millones entre sus tres principales rondas de financiación.

Hecho: Yuno afirma conectar más de 1.000 métodos de pago mediante más de 460 integraciones en más de 190 países.

Hecho: la compañía proyecta alcanzar un volumen anualizado de US$100.000 millones en transacciones durante los próximos 12 meses. Se trata de una proyección de la propia empresa, no de un volumen ya alcanzado.

Interpretación: el crecimiento de plataformas de orquestación de pagos muestra que parte del valor del sector fintech se está desplazando desde aplicaciones individuales hacia la infraestructura encargada de conectar diferentes sistemas financieros.

Lo que todavía debemos observar: si Yuno alcanza el volumen proyectado, cuándo logra rentabilidad y qué peso terminarán teniendo América Latina, Estados Unidos, Medio Oriente y otros mercados dentro de su crecimiento.

Pero la tendencia que representa merece atención.

Durante años, el gran desafío fue digitalizar el dinero.

Ahora aparece uno nuevo:

conseguir que todos esos sistemas digitales puedan entenderse entre sí.

Y quizás esa sea una de las preguntas más importantes para la próxima etapa de los pagos:

¿Necesitamos más formas de mover dinero o necesitamos conectar mejor las que ya existen?


Fuentes

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