viernes, agosto 21, 2026
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La crisis del agua en Puerto Rico ya empieza a pasar factura a la economía

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Carraízo sigue acercándose al nivel de control mientras hoteles, alquileres a corto plazo, agricultores y comercios absorben nuevos costos para poder operar.

Puerto Rico no enfrenta solamente una crisis de agua.

Empieza a enfrentar una factura económica.

El embalse Carraízo volvió a bajar y se encuentra en 37,57 metros, apenas 57 centímetros por encima del nivel de control. El racionamiento continúa afectando a comunidades de San Juan, Trujillo Alto, Carolina, Canóvanas, Loíza, Gurabo y Juncos.

Ese dato importa por una razón que va mucho más allá del calendario de cortes.

Cada día que dura el racionamiento aumenta el costo de hacer negocios en Puerto Rico.

El agua dejó de ser solamente un servicio público

Para un hogar, pasar 48 horas sin agua significa reorganizar la rutina.

Para un hotel significa algo diferente.

Significa garantizar duchas, baños, cocinas, lavandería, piscinas, restaurantes y operaciones de cientos de huéspedes sin interrupciones.

Eso obliga a invertir en cisternas, almacenamiento, sistemas de bombeo, camiones de agua y logística adicional.

La Compañía de Turismo de Puerto Rico mantiene activo un operativo especial para asistir hospederías afectadas por interrupciones en el servicio, incluyendo distribución mediante camiones cisterna. En una operación anterior relacionada con fallas de suministro, la agencia coordinó más de 456.000 galones de agua en más de 50 viajes para mantener hoteles operando.

Discover Puerto Rico, por su parte, emitió guías específicas para hoteles y operadores turísticos sobre cómo manejar las interrupciones, comunicarlas a visitantes y minimizar el impacto sobre la experiencia turística.

La existencia de esos protocolos revela algo importante:

la escasez de agua ya es también un riesgo operacional para el turismo.

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El costo no termina en los hoteles

Los alquileres a corto plazo enfrentan el mismo problema a menor escala.

Una propiedad que recibe turistas necesita agua incluso cuando la red pública no la tiene.

Eso puede significar instalar una cisterna.

Comprar bombas.

Contratar camiones.

Aumentar almacenamiento.

Modificar operaciones de limpieza.

O asumir reembolsos cuando no puede garantizar condiciones básicas.

Lo mismo ocurre con restaurantes, lavanderías, oficinas, salones de belleza, centros médicos y prácticamente cualquier actividad económica que dependa de un suministro estable.

El verdadero costo del racionamiento no aparece necesariamente en una factura de la AAA.

Aparece disperso entre miles de negocios que pagan por resolver individualmente un problema colectivo.

La agricultura ya está sintiendo el impacto

El problema tampoco se limita al área metropolitana.

Drought.gov advierte que el agotamiento de embalses y aguas subterráneas está provocando pérdidas económicas significativas en el sector agrícola puertorriqueño.

Los distritos de riego del sur ya aplican restricciones.

En algunas zonas los agricultores reciben agua solo determinados días de la semana.

Los caficultores reportan maduración prematura del grano.

Ganaderos en Lajas enfrentan escasez de forraje y mayor dependencia de alimentos suplementarios.

Y algunos sistemas de riego reciben apenas una fracción de sus caudales habituales.

Eso termina convirtiéndose en otra factura.

Menor producción.

Más alimento para ganado.

Más costos de irrigación.

Menor calidad.

Y eventualmente precios más altos.

¿Cuánto tiempo puede durar?

Aquí está la gran incertidumbre.

Cuando comenzó el racionamiento el 7 de agosto, las autoridades advirtieron que la duración dependería de las lluvias y del comportamiento de los embalses. Más de medio millón de personas quedaron expuestas al sistema de turnos de 48 horas.

Las lluvias de una onda tropical elevaron temporalmente Carraízo algunos centímetros, pero el embalse volvió a descender posteriormente.

Y el panorama climático no ofrece demasiada tranquilidad.

Los modelos citados por Drought.gov estiman una probabilidad superior al 70% de precipitaciones por debajo de lo normal y temperaturas por encima de lo normal entre agosto y octubre, con riesgo de que la sequía persista o empeore.

Eso significa que la pregunta económica deja de ser:

¿Cuántos días más estaremos sin agua?

Y empieza a ser:

¿Cuánto costará mantener funcionando la economía si el racionamiento se prolonga durante semanas o meses?

Turismo: proteger la percepción también cuesta

Puerto Rico depende profundamente de su imagen como destino turístico.

Un visitante puede aceptar lluvia.

Puede aceptar calor.

Puede aceptar incluso una interrupción eléctrica breve.

Pero llegar a un hotel o alquiler donde no existe agua suficiente puede convertirse rápidamente en una experiencia difícil de recuperar.

Por eso el sector turístico está intentando manejar la crisis antes de que se convierta también en un problema reputacional.

Las recomendaciones oficiales a la industria incluyen comunicar de manera precisa cualquier interrupción, monitorear las actualizaciones de la AAA y contar con planes operacionales para minimizar el impacto sobre huéspedes.

La estrategia es correcta.

Pero también cuesta dinero.

El problema estructural detrás de la sequía

Sería demasiado sencillo atribuir toda la crisis exclusivamente al clima.

La sequía explica por qué hay menos agua disponible.

No explica por sí sola por qué el sistema tiene tan poco margen de maniobra.

Puerto Rico arrastra desde hace años problemas de infraestructura, averías, presión irregular y pérdidas significativas de agua dentro del sistema de distribución.

Un reciente pedido de asistencia federal del comisionado residente Pablo José Hernández señaló reportes según los cuales la AAA pierde aproximadamente 60% del agua que produce antes de que llegue a los consumidores.

Si esa magnitud se sostiene, el desafío de Puerto Rico no consiste únicamente en conseguir más agua.

Consiste en evitar perder la que ya tiene.

La lectura Datiao

La próxima fase de esta crisis no debería medirse solamente en metros dentro del embalse.

También debería medirse en dólares.

¿Cuánto están gastando los hoteles para garantizar suministro?

¿Cuánto están pagando los anfitriones de alquileres a corto plazo?

¿Cuánto están perdiendo los agricultores?

¿Cuánto cuesta movilizar diariamente camiones cisterna?

¿Y cuánto más puede soportar una pequeña empresa antes de trasladar esos costos al consumidor?

Carraízo está a centímetros de entrar en una nueva fase operacional.

Pero la economía puertorriqueña ya entró en otra:

la etapa en que la escasez de agua empieza a convertirse en un costo de hacer negocios.

La verdadera pregunta ahora es cuánto tiempo puede sostenerse esa factura.

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